¿QUE VALOR TIENE EL PADRE?

“…él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres…, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición. (Malaquías 4.5-6)

“…la cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos para que lo sepa la generación venidera… a fin de que pongan en Dios su confianza y no se olviden de las obras de Dios…” (Salmo 78.1-8)

 

Todavía recuerdo las frías noches en medio del campo donde se estaba cosechando el maní (Cacahuete para otros). Miraba a través de una ventanita la luna reflejarse sobre la escarcha en los campos. Luego vendría el desayuno aún de noche, alrededor de un fuego y una gran sartén o paila llena de bifes con cebollas. ¡Qué exquisitez! Todos los presentes éramos “hombres”. Para ese entonces mi edad oscilaba entre los 7 y 10 años. Yo tenía el privilegio de estar entre ellos en virtud de que mi padre era el maquinista. Su tarea consistía en que la máquina cosechadora funcionara de maravillas. Estos recuerdos son los que a menudo aparecen en mi mente relacionados con la presencia de mi padre. Su cercanía, su mano revolviéndome el cabello, sus frases con un toque de humor, sus “cuentos de otros tiempos”, su olor a hombre… Era mi papá y yo su hijo. Yo me identificaba como hombre con mi padre. El tenía un apellido y yo el mismo que él. Me gustaba oírlo hablar de nuestros antepasados, padres, tíos, abuelos. Pertenecíamos a una familia. Eso nos unía y nos hacía sentir dignos herederos de ese apellido. Éramos parte de algo más grande y trascendente.

 

En aquellos días no sabía que llegaría el momento en que yo también sería un padre.

Trasvasaría de esa paternidad a mis hijos. Una honra que nos une y nos hace fuertes. Mis abuelos, mi padre, yo, mis hijos y ahora los hijos de mis hijos…

 

¿Qué valor tiene un padre para sus hijos?

 

¿Hasta dónde todos estamos marcados a fuego por nuestro padre? Tal vez ausente o presente.

¿Hay alguien en el mundo con más influencia en la formación de un hombre, que la presencia de su padre?

¿Hasta dónde estarán siendo afectados los niños criados en un hogar que fue abandonado por su padre? Por favor hombres, no seamos hipócritas mirando al costado.

 

La Biblia es muy amplia en darnos información de los resultados de los padres y el destino de sus hijos después de ellos. Todo es causa y efecto. Un padre es el mejor predictor de lo que será la próxima generación. Para bien o para mal.

 

¿Será tan así? Sí absolutamente. No exageramos.

 

¿Será que aún no hemos cuantificado la responsabilidad que tenemos por el futuro de nuestros hijos? Esto lo vemos cuando el profeta Malaquías termina con una de las admoniciones más serias jamás dichas de la que tengamos noticia.

Por sus alcances. Por sus consecuencias.

La observación está directamente dirigida a los actores de la historia. Padres e hijos y sus relaciones. La Tierra (planeta habitado) es o será seriamente dañada por lo que ocurra entre los “corazones de los padres y los hijos” y viceversa. Hay una suerte de maldición pendiente si los padres no “se vuelven a sus hijos”. La separación de los padres y sus hijos tiene trágicas consecuencias.

Impensable calamidad. Terrible futuro. Oscuros días para la humanidad.

 

No hay dudas…La ausencia del padre es la maldición de nuestros días.

 

La famosa brecha generacional es lo peor que nos puede ocurrir. Alguna nefasta fuerza oculta se activa ante la ausencia del padre. Una autoridad y un poder destructivo queda liberado para apoderarse y asediar a las familias. Cuando ha sido relevado de sus funciones, el varón cabeza, autoridad y protector de la familia. Mujeres, hijas, hijos, nietos quedan a merced de esta malvada fuerza implacable y asoladora.

Ahora el infierno baja libremente a la tierra. Viene a herir la tierra, a causar el mayor estrago, el mayor dolor.

La destrucción está dirigida al marco de referencia que es el hogar.

Este marco que trae seguridad, es un padre y una madre unidos. Cada niño nace con una serie de derechos. El primero de estos derechos es que sus padres estén y sean su ejemplo de amor y convivencia. Nadie en el mundo tiene el derecho de traer una criaturita a la vida y luego no ser absolutamente responsable por ella. Los padres deben guiar, guardar y gobernar. El hombre es el que carga con la mayor responsabilidad. Ningún hombre tiene el derecho de embarazar una mujer y luego no hacerse responsable. Para eso Dios lo hizo hombre.

 

El Dr.Edwin Cole nos enseñó que:

“El mayor regalo que puede hacer un padre a sus hijos es amar a la madre de ellos”.

 

Cada padre que abandona a su esposa e hijos, abre la puerta para que su familia quede vulnerable a un proceso de destrucción sistemático e inexorable. Esta aparente y engañosa libertad que un hombre se toma, en la práctica es un acto que demuestra su máxima cobardía.

No es de hombres abandonar a la madre de sus hijos, es de cobardes.

 

Entre sociólogos, agentes de seguridad, educadores, economistas hay una creciente preocupación por el ambiente social de nuestras ciudades en las naciones más destacadas del mundo. Estudios hechos en diversos países revelan datos de dolorosa actualidad. (Ver cuadro aparte)

Las conclusiones finales son aterradoras: los hijos criados sin la presencia del  padre, son los más proclives a involucrarse en delincuencia, drogas, embarazos adolescentes, violencia callejera, asesinatos, etc. Todo indica que un niño criado sin la seguridad y el afecto de su padre, será fácilmente influenciado para alejarse de su familia y asociarse con jóvenes delincuentes. Detrás de cada uno de estos delincuentes, hay un padre que dejó su hogar. El varón es el responsable último. Lo siento tener que decírtelo una vez más. No hay atenuantes de ningún tipo.

 

¿Qué podemos hacer?

¿Hay algo consistente que nos ayude a cambiar esta realidad en nuestra sociedad?

 

¡Sí-Podemos hacer y mucho-!

 

Junto con mi esposa somos  padres de seis hijos. Estamos más persuadidos que nunca que Dios está con y por nosotros. Dios es Padre. Nosotros derivamos nuestra paternidad de “su paternidad”. La Biblia es un manual práctico de enseñanzas de cómo ser padres. Son puras ventajas. Es más fácil ser buen padre que un mal padre.

Permítame darle algunas ideas prácticas que tal vez le ayuden.

 

Algunas ideas prácticas.

 

Si actualmente eres un padre:

  1. Ocupas un lugar clave para ser un factor de bendición de parte del Señor. Acepta este privilegio y la responsabilidad que esto implica.
  2. Haz todo lo posible por acercarte a tu esposa e hijos. Ellos te están necesitando y no saben cómo decírtelo.
  3. Acepta que tus hijos tienen o tendrán “algunas ideas diferentes” a las tuyas. Decide aceptarlos y acompáñalos en su maduración.
  4. Busca alguna excusa para decirles que los aprecias. Corre a darles un fuerte abrazo. Repítelo hasta que sea parte de tu trato diario. Dios está con ustedes.

 

Si eres un hijo:

  1. Busca otras formas de acercarte a tu padre. Ya no lo critiques más. Simplemente decide respetarlo y sé muy agradecido.
  2. Perdona a tu padre. Tal vez se equivocó muchas veces y lo único que él necesita es un hijo que lo perdone. Si te abandonó y ya no lo tienes; igual bendícelo de todo tu corazón.
  3. Toma la decisión de prepararte para ser un buen padre de tus hijos en el futuro. Estudia, ora y decide. Haz un pacto con Dios: -Nunca abandonarás o te separarás de tu esposa e hijos-.
  4. Te dispones a ser un colaborador de Dios en esta tarea de bendecir las generaciones futuras.

 

Retomo los recuerdos de mi niñez… Miro los años pasados y solamente quedan en mi memoria los tiempos que pasábamos juntos con mi padre, cuando me llevaba de la mano a la iglesita de mi pueblo…Nuevamente su mirada, sus bigotes, su olor a “hombre”, sus “alpargatas” (calzado argentino de uso en tareas de campo), sus interminables charlas…, le estoy tan agradecido.

 

Gracias Señor por mis padres. Gracias porque hoy yo soy padre. No vuelvo atrás. Mi destino es glorioso. Gracias porque seré parte de los que bendecirán la tierra. Gracias porque para siempre serás mi Padre.

 

¡Padre nuestro que estás en los cielos..! ¡Abba Padre..! Un fuerte abrazo..Papá.

 

RENE ZANETTI

 

ESTADISTICAS PARA UNA MALDICION

Hijos Criados En Hogares Con El Padre Ausente
- 61% de las familias hoy no tienen al padre presente.
- 63% de los suicidios de jóvenes vienen de estos hogares.
- 90% de los niños sin hogar y que se escapan de su casa.
- 85% de los niños con desórdenes de conducta.
- 80% de los violadores.
- 71% de todos los expulsados de las escuelas.
- 75% de los adolescentes pacientes de Centros de abuso de drogas.
- 70% de los jóvenes en instituciones penitenciarias juveniles.
- 85% de los jóvenes puestos en prisión.
 

            NOTA: Estas estadísticas corresponden a fuentes variadas de EE.UU. mencionadas en el libro: “Hombres-G: La estrategia final” de G.F. Watkins (Editorial Way of Life-Perú)

UN RECUERDO IMBORRABLE (INTERNET)

 

Tengo muchos recuerdos de mi padre y de cómo crecí a su lado en nuestro departamento junto a las vías del tren elevado.

Durante veinte años oímos el rugido del convoy cuando pasaba por la ventana de su dormitorio.

De noche, tarde, papá esperaba solo en las vías el tren que lo llevaba a su empleo en la fábrica, donde trabajaba en el turno de medianoche.

Esa noche en particular, esperé con él en la oscuridad para despedirlo.
Su rostro estaba triste. Su hijo menor, es decir yo, había sido reclutado.
Le tomarían juramento a la mañana siguiente a las seis, mientras él estaba en su máquina de cortar papel en la fábrica.

Mi padre había hablado de su rabia. No quería que “ellos” se llevaran a su hijo de sólo diecinueve años, que nunca había bebido o fumado un cigarrillo, a pelear en una guerra en Europa.
Puso sus manos en mis delgados hombros.

-Ten cuidado, Jorge, y si alguna vez necesitas algo, escríbeme y me ocuparé de que lo consigas.

De pronto oímos el rugido del tren que se aproximaba. Me abrazó con fuerza y me besó suavemente en la mejilla. Con los ojos llenos de lágrimas murmuró:

-Te quiero, hijo mío.

Entonces llegó el tren, las puertas lo encerraron dentro y desapareció en la noche.

Un mes mas tarde, a los cuarenta y seis años, mi padre murió.

Tengo setenta y seis en el momento de sentarme a escribir esto.
Una vez oí a Pete Hamill, el periodista de Nueva York, decir que los recuerdos son la mayor herencia de un hombre, y tengo que coincidir con él.
Sobreviví a cuatro invasiones en la Segunda Guerra Mundial. He tenido una vida llena de todo tipo de experiencias.

Pero el único recuerdo que permanece es el de aquella noche en que mi papá me dijo:
“Te quiero, hijo mío” .-

Romanos 12:9
El amor sea sin fingimiento: aborreciendo lo malo, llegándoos á lo bueno;

 

Efesios 5:2
Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó á sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio á Dios en olor suave.

 

1 Juan 4:18
En amor no hay temor; mas el perfecto amor echa fuera el temor.

 

Romanos 8:39
Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

 

Efesios 3:19
Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

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