ESTOY ENOJADO

(Adaptación libre de René Zanetti de lo expresado básicamente por Edwin Cole en su libro “Hombres Fuertes Tiempos Difíciles” pg.222 Ed. Betania)

 

Yo no soy un hombre irascible, violento e iracundo. No estoy disgustado con el mundo, ni con mi padre, ni con el gobierno.(tal vez a veces sí!)

Pero sí estoy enojado con algunas malas actitudes, enojado con la mediocridad.

Estoy enojado conmigo mismo por mis pecados y me arrepiento públicamente ahora mismo, como lo he hecho tantas veces antes en privado.

Estoy furioso con el espíritu de orgullo y división de hombres que se alzan en rebeldía para juzgar y echar a hombres de Dios de sus iglesias.

Estoy enojado con la envidia de ministros del evangelio que no pueden ver cómo otros tienen éxito en sus ministerios.

Estoy enojado por la forma en que algunos hombres desaprueban los métodos nuevos solamente porque no encajan en sus propios moldes y temen reconocer los resultados.

Estoy enojado con la complacencia con que los hombres aceptan algo menos que lo que Cristo ganó para ellos en la cruz.

Estoy enojado con el engaño que hace a los hombres pensar que sentir remordimiento o lamentarse es lo mismo que arrepentimiento.

Estoy enojado con los hombres blandos de espíritu que permiten a los abortistas obtener millones de dólares del gobierno para enseñar a los adolescentes “sexo seguro”, cómo usar condones y cómo abortar sin que lo sepan sus padres…

Estoy enojado con la arrogancia de los medios de comunicación que pagan millones a burlones escarnecedores para que denigren a Jesucristo, promuevan la promiscuidad, alienten la violencia y al mismo tiempo condenen a los cristianos por ayudar a los drogadictos a salir libres, por restaurar matrimonios y rescatar miles de vidas que ellos mismos condenan.

Estoy enojado con la mezquindad en el corazón de los hombres que hace dar ofrendas a solamente los ministerios que los bendicen a ellos y no a aquellos que están entregados al servicio en la línea de fuego por Cristo.

Sí… Caballeros hoy yo estoy enojado…

Pero los pasivos y apáticos están muy tranquilos. Ellos ni se inmutan respecto a lo que está aconteciendo en nuestros días. No hay pasión por el evangelio de las buenas noticias de salvación. No tienen deseos de alcanzar la mayor cantidad de esta generación mientras se pueda.
No… estos no tienen voluntad de gastar de su tiempo, talentos y recursos para hablar de la cruz, tienen miedo a perder sus vidas por Jesús. Han apagado el fuego en sus corazones y por sus venas solo hay cenizas. Triste recuerdo de antigua y genuina pasión.
NO… estos hombres no están enojados. Son una clase de hombres que se han auto-devaluado que han perdido el sentido de sus hombrías. Ya ni les importa si no hay frutos de sus hombrías a semejanza a Cristo.

No… Señores  estos no están enojados. Duermen tranquilos el sueño de una vida plácida, sin sobresaltos… como muertos en vida.

 

Hoy (como en los tiempos de Jesús) hay cambistas de dinero que impunemente están robando a la Iglesia no solo financieramente con su dinero que no diezman u ofrendan, sino porque sus talentos y habilidades están siendo ofrecidos en el altar espurio del consumismo y el éxito personal. Se han adormecido sus capacidades cuando nuestra Nación se está muriendo. Faltan obreros en la cosecha, los que salieron al campo deben retornar por faltarles el sustento que estos ladrones usan para sus placeres vanidosos.

Jesús se enfureció con estos personajes. Los levantó de sus asientos a fuerza de latigazos. “El celo de tu casa me consume”-dijo. Hay tiempos para expresar esta santa bronca y no seguir sufriéndola.

Por tanto: Me molesta en gran manera y no lo disimulo

Porque muchos pastores están tratando de hacernos hombres sumisos finos y delicados y nos anulan como hombres para demandar justicia al ser valientes y osados en nuestra confesión.
Estoy cansado de tanto ministerio castrador y feminoide.

También hay miembros en las juntas de las iglesias que no respetan a sus ministros ungidos por el Señor haciendo prevalecer sus caprichos y no permitiendo el fluir nuevo y fresco del Espíritu. Estos son hombres amargados e insatisfechos con sus vidas y con Dios se esconden detrás de una máscara de religiosidad y promueven divisiones y nunca logran discernir lo santo de lo profano.

Predicadores ignorantes y creyentes fundamentalistas que dicen ser cristianos pero que matan con sus palabras y todavía creen estar prestándole un servicio a Dios.

Cristianos que van de Congreso en Congreso, adulando a unos y criticando  a otros, sin meterse jamás en el barro para hacer algo lo suficiente positivo para salvar a otros. Estos son Cristianos cobardes súper espirituales sin frutos, ya viejos y secos sin una gota de agua para dar a otros.

Hombres que están en nuestras congregaciones echando la culpa a todos, sin asumir sus propias responsabilidades y hacer lo que es justo y recto delante del Señor y de los hombres.

Nos han alcanzado tiempos duros. Fuerzas espirituales de maldad están haciendo descender a nuestra sociedad a un oscuro pantano espiritual, ético y moral.  Son poderosas fuerzas de pecado e iniquidad que impiadosamente están descargando el más colosal y destructivo arsenal destructivo nunca antes visto.

Se requiere de otra clase de hombres para enfrentarse a la realidad de fuerzas espirituales de tal magnitud que no pueden ser vencidos con espíritus de voluntades débiles y frágiles, suavizados, de delicada y perfumada carnalidad que profesan pertenecer a Cristo pero que nunca se sometieron a su señorío.

Los métodos de la generación anterior ya no son suficientes. Las luchas y avances del evangelio en la época de nuestros padres ya no son relevantes en nuestra sofisticada sociedad de hoy.

Cada día que pasa muchos de estos hombres se habrán entregado sin ofrecer resistencia, quedarán a un costado del camino y sus vidas se habrán anulado, lo trágico es que las pérdidas se contarán en miles y miles de matrimonios destrozados, niños sin padres, familias sin rumbos, individuos sin rostro deambulando sin sentido por nuestras ciudades.

Grandes profesionales, negociantes y trabajadores habrán invertido sus vidas, sus capacidades, sus talentos y finanzas para su propio beneficio pero no habrán sido la clase de hombres relevantes que Dios esperó tener en estos tiempos.

 

Hoy Dios nos está llamando a ser hombres de verdad. Hombres que deberán considerar que Jesús vale más que sus propias vidas y estén dispuestos a darse a sí mismos en una entrega incondicional, seria y profunda para darle a Dios la oportunidad de hacer de nosotros instrumentos de salvación y de reconciliación, comprobando cada día de ahora en más, lo que es bueno y agradable para Él.

Señores…

¿Habrá hoy aquí alguno de estos hombres que decidirá dejar su apatía y se involucrará íntegramente a hacer la voluntad de Dios?

¿Habrá hoy aquí alguno que revertirá los años perdidos y se entregará con pasión a pararse en la línea de fuego..?

¿Habrá hoy alguno..?

 

SI TAN SOLO HAY UNO… AÚN HAY ESPERANZAS PARA NUESTRAS FAMILIAS, PARA NUESTRA SOCIEDAD Y PARA NUESTROS PUEBLOS.

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